El problema más serio no se llama Enrique ni su apellido es Trump

 

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Hoy es ya presidente de EU Donald Trump, el presidente de México tiene un 12% de aprobación, muchos de los políticos mexicanos, senadores y diputados nos causan desconfianza (bonos, sueldos elevados, presumen su ignorancia, pereza e insensibilidad, sus discursos siguen llenos de reclamos y pleitos y carecen de propuestas concretas), el “gasolinazo” es la bandera de la crisis financiera y de corrupción del país, los saqueos de los gobernadores, Duarte sin ser sometido a la justicia, aumento de pobreza, desempleo, la violencia invade todos los rincones del país, el asesinato de turistas y balaceras en Quintana Roo amenazan nuestra principal fuente de ingresos, los niños tratados con agua destilada en lugar de quimioterapia en Veracruz, etc, etc. En todo este panorama desolador que muestra la crisis social de México, aparece lo acontecido en el colegio de Monterrey, y ello, desde mi punto de vista nos habla del fondo de todo lo demás: Una crisis humana, un deterioro ético y cultural. 

El terrible caso acontecido en el colegio de Monterrey nos habla no sólo de un adolescente que enloqueció, disparó y se quitó la vida. Nos presenta un adolescente que pertenecía a un tipo de secta cybernetica llamada “legión holk“, un grupo que se dedica a posicionar en redes sociales hashtags violentos, como #MasMasacresEnMexico. Este joven además parece ser que informó en sus redes sociales que haría una masacre en su colegio. (1)

Si el caso del colegio en Monterrey no tuviera todo el entorno que hemos comentado, quizás sólo hablaríamos de un joven inestable o con un trastorno psicológico que le llevó a cometer semejante atrocidad. Pero no, no se trata del dato de un joven sólo psicológicamente inestable, sino que nos revela, creo yo, el fondo de toda nuestra crisis: la precariedad humana en la que hemos caído. El joven de Monterrey por los caminos más equivocados y terribles trató de llamar la atención, de pertenecer y “ser fiel” a su pertenencia. ¿Qué hay detrás de su grito violento? ¿Por qué encontró pertenencia en ese grupo violento? ¿Por qué se nos va haciendo “común” la violencia? ¿Qué buscaba ese joven? ¿En dónde habría buscado antes pertenencia y solidez este joven? ¿Por qué no la encontró?

Cuando me refiero a precariedad, estoy pensando en el contexto precario en que se encuentran los jóvenes y los adolescentes (y nosotros también con ellos), un contexto que los coloca en una crisis humana profunda. Es lo que llamamos “pecado estructural”. El modo como estamos viviendo ya no es sostenible más.

Lo precario lo hemos construido todos y lo padecemos todos, en mayor o menor medida, lo hemos construido cuando vivimos lo que el Papa Francisco nos señala en su exhortación Evangelii Gaudium:

“Se ha desarrollado una globalización de la indiferencia”, “La cultura del Bienestar nos anestesia”, “El ser humano  es considerado bien de consumo”, “se instala una nueva tiranía invisible a veces virtual”.

En nuestra sociedad, dice el Papa Francisco en la misma exhortación: “Predomina lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio. Lo real cede el lugar a la apariencia” y ahí, señala el Papa Francisco, se enmarca la crisis de la familia.

En los últimos meses en nuestro equipo de trabajo hemos hablado sobre la soledad y la búsqueda que vemos en los adolescentes y los jóvenes, y la poca oferta de opciones pertinentes ante sus necesidades. Cuando convocamos a eventos para jóvenes, los primeros en llegar son adolescentes, hay en ellos una sed de sentido, de pertenencia, de identidad, de solidez. Los adolescentes y los jóvenes nos están pidiendo a gritos pertenencia, referencias sólidas. Si no las ofrecemos o no les facilitamos encontrarlas seguirán buscando y optando por rutas equivocadas.

Dice el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si (Que por cierto no es un texto sólo sobre medio ambiente, sino que es un texto que nos llama a reconciliarnos, con Dios, los otros y con el medio ambiente):

Nuestro superdesarrollo es derrochador y consumista, que contrasta de un modo inaceptable con las situaciones persistentes de miseria deshumanizadora” (LS109) “Se nos ha transmitido un sueño prometeico de dominio sobre el mundo“. (LS116) La situación actual del mundo «provoca una sensación de inestabilidad e inseguridad que a su vez favorece formas de egoísmo colectivo».”Cuando las personas se vuelven autorreferenciales y se aíslan en su propia conciencia, acrecientan su voracidad”. (LS 204). Esto es el deterioro ético y cultural en el que estamos nadando y en el que están sumergidos los adolescentes y los jóvenes junto con nosotros; pero son quizás ellos los que más se resisten o las mayores víctimas de éste.

He hablado de búsqueda de solidez, refiriendo a Zygmund Bauman, parece ser que estamos en un mundo en donde todo se ha vuelto líquido, sí, las instituciones, los discursos, los referentes que antes eran sólidos hoy tienen la consistencia del agua, no nos podemos “agarrar” de nada. Hace poco escribía sobre la familia (¿Marchar o procurar?) y ahí hablaba de la crisis de la familia, pero no es sólo una crisis interna de la familia, sino una crisis muy amplia que ha colocado a una gran institución social en una situación de mucha liquidez, de mucha precariedad. Muchos de nosotros crecimos sabiendo que nuestra familia sería nuestra familia para toda la vida, y que nuestra casa era hogar por al menos un bien periodo de tiempo; hoy los adolescentes y los jóvenes no tienen acceso a esa certeza, o la certeza es fragmentaria. Y quiero subrayar, no es culpa de las familias, sino del contexto precario en que se encuentra la institución familiar, y eso tiene que ver con finanzas, sentido, oportunidades, urge “procurar” un contexto distinto para que las familias surjan y perduren. Hoy el “gasolinazo” pone en mayor precariedad a las familias. Extraño a los frentes de la familia diciendo una palabra sobre esto, uniéndose a la voz de los obispos mexicanos para señalar lo precario e injusto que acontece.(2)

Hace unos días también dialogaba con alguien que me planteaba como deberíamos para ser “incluyentes” desdibujar el cristianismo de nuestras actividades que ofrecemos para los jóvenes. ¡Error! (desde mi punto de vista), los jóvenes están buscando referencias claras y sólidas, no ayuda ni un cristianismo fundamentalista y rígido, pero tampoco un cristianismo desdibujado.  Yo creo que si queremos ser incluyentes, tenemos que ser sumamente cristianos, pues el cristianismo siempre es incluyente. Desde un cristianismo sólido podemos dialogar y caminar juntos con otros y otras, podemos estar abiertos al encuentro con otras religiones reconociendo en ellas todo lo que de bueno tienen. Pero desde un cristianismo diluido, sólo nadaremos en el mar de la confusión y la liquidez. 

Es urgente que mostremos lo profundo del cristianismo, lo pertinente y necesario que resulta para los jóvenes el cristianismo, es identidad, es sentido, es referencia. Y por otra parte, son más que nunca necesarios y pertinentes para el mundo de hoy estos jóvenes. Lo mismo digo para la Iglesia, urge mostrarnos unidos, pertinentes y sólidos (no rígidos ni duros). Celebro la iniciativa del Papa de convocar a una gran reflexión sobre el tema de los jóvenes y la vocación (sentido de vida, búsqueda, discernimiento).

Con todo lo anterior, creo que nuestro mayor problema no se llama Donald Trump, ni Peña Nieto. Nuestro mayor problema se llama deterioro ético.

El deterioro ético está ocasionado por una serie de “valores” que nos han sido propuestos o impuestos, por un sistema económico que ya no sirve y está cobrando nuestras vidas. ¿Qué hacemos entonces? Procurar, sí, comencemos a procurar cambiar desde lo más interno y personal, y para ello será necesario “re-valorizar” lo que nos mueve, desde lo que vivimos, y para ello creo que en el cristianismo más auténtico, ese que brota de los evangelios y que hoy el Papa Francisco anuncia con fuerza, podemos encontrar buenas bases de solidez, de sentido y de base para discernir, para ir eligiendo aquello que nos haga a todos y a todas más plenos, más felices. No olvidemos que no será posible la felicidad procurada sólo para uno mismo (así como lo ha planteado Trump en su primer discurso como presidente de EU, “solos seremos grandes”), la búsqueda de la felicidad individualista no será el camino, creo yo.

Hay muchos modos de comenzar a procurar, por ejemplo podemos comprometernos a dudar, a dudar de nosotros mismos, a detenernos y mirar, escuchar, dialogar y luego decidir. Podemos comprometernos a hablar con nuestras familias y amigos de cómo procurar la reconstrucción de nuestra sociedad.

Podemos procurar un acercamiento y acompañamiento a adolescentes y jóvenes, no diluyéndonos sino con solidez, (aquí hay una tensión entre la rigidez y la solidez. Prometo luego compartir mis reflexiones sobre el punto).

La solución del problema de fondo es compleja, pero está al alcance de nuestra mano comenzar a cambiar las cosas. Esa es una buena noticia.

Podemos comprometernos a no participar de la violencia ni de la corrupción, a tener como consigna la verdad y a trabajar por el bien común. Para ir comenzando.