La presencia en “Silencio”.

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Silencio, la nueva película de Scorsese sobre los cristianos perseguidos en Japón y los misioneros jesuitas, nos planta fuera de la frontera de lo común.

Con una increíble belleza cinematográfica Silencio nos coloca ante el desafío moral del martirio y la responsabilidad con la vida de los otros. Comúnmente asociamos el martirio a dar la vida en el sentido de morir por la fe. Silencio nos presenta un modo de martirio que quizás resulta más cruel que el morir, es un suplicio que se prolongará a lo largo de toda la vida. Me parece para muchos de nosotros podría ser más desafiante: la muerte de “ego“, la muerte del Yo, que la muerte del cuerpo. Se trata de un sacrificio que busca la vida de los otros aceptando la condena de vivir sumergido en el silencio, en la negación del yo, en la pérdida de la “buena fama”, en la incomprensión.

Rodrigues, el misionero jesuita protagonista de esta película, reclama el “silencio de Dios”, parece ser que Dios calla. Este reclamo será respondido en la trama de la película, de tal modo que nos deja claro que el silencio no es ausencia, pues en el silencio podemos descubrir una presencia solidaria, encarnada, cercana y respetuosa, más intensa que la que podría darse en el ruido y en el juego de palabras. ¿Estaba Dios presente en el sufrimiento de los cristianos perseguidos? ¿Estaba Dios presente en la decisión de Rodrigues?

¿Son las palabras y los gestos los únicos modos de expresar lo que tenemos en el corazón? Parece que no, parece ser que nuestros gestos, nuestras palabras podrían ir en un sentido totalmente no correspondiente a lo que queremos y amamos, y eso, podría ser en sí la expresión más coherente del amor y de nuestra fe.

Finalmente, según yo, podremos vernos reflejados con mucha nitidez en el personaje Kichijiro, un personaje que desespera con su debilidad y enternece con su búsqueda. Un personaje que no es valiente, pero si es persistente en medio de su cobardía. Es en él en dónde se manifiesta el amor de Dios y  obtendrá el personaje lo que sólo por gracia se puede recibir.

Sin duda, hay que ver “Silencio” sin palomitas y  sin esperar diversión. Hay que ir a ver “Silencio” dispuestos a experimentar el silencio y a descubrir la presencia de Dios, del amor, de la fe en una intensa experiencia contemplativa y sensorial que nos presenta Scorsese en su película.

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