Del sentimiento a la sensibilidad

Oscar y Valeria, una historia de migración.

padre e hija

       La imagen de Oscar y Valeria, muertos, flotando sobre el río fronterizo entre Estados Unidos y México, es un dardo cargado de sentimientos a nuestras conciencias, a nuestras sensibilidades. Quedan rasgos indelebles de la desesperación y el amor. Colocada desesperadamente Valeria dentro de la camisa de Oscar, nos narra la búsqueda de mantenerse con vida y de no perder a su pequeña. Falta en la fotografía Tania, la madre aún viva que ha presenciado como el río le arrebató a su hija y a su esposo.

       El dardo sentimental puede quedarse en eso, en sólo una descarga de sentimientos de tristeza que nos sacuden y se agregan a expresiones de indignación digital, que inundarán las redes sociales en los próximos días para perderse en el baúl de la “big data”.

        La foto duele, y hay que mirarla con detalle, sin miedo y sin morbo, pero sí con el deseo de darle voz a Oscar, a Valeria y a Tania, y en ellos escuchar la voz de Dios ante la realidad urgente de los migrantes, que cada uno tienen nombre e historia.

        Oscar y Valeria son la concreción de una tragedia antigua. Son muchas y muchos los que han muerto ahogados, deshidratados, abandonados en el desierto. La tragedia desgraciadamente no comienza aquí ni se acaba aquí. Pero nuestra relación y reacción personal sí que puede ser distinta a partir de aquí.

        Oscar y Valeria no son la imagen del salvadoreño peligro para México que se  propaga en las redes sociales; Oscar era un cocinero, esposo y padre de familia. ¿Qué contexto de su hogar le habrá obligado a escapar con tanta desesperación? ¿De qué infierno rescataba a Valeria?

 La historia y la política salvadoreña tiene una responsabilidad en la tragedia y una gran tarea. familia salvadoreña

        No han faltado las publicaciones que señalan como único culpable al presidente de los Estados Unidos. Responsabilidad política y personal, creo que la tiene, sus discursos llenos de odio y de violencia, su autorreferencialidad y soberbia que encuentra acogida incluso entre mexicanos, están empapando estos cuerpos. Pero no es Trump el único ni el mayor responsable.

        ¿México responsable? En los últimos días, el tema de la migración está sobre la mesa de México. Por un lado la humillación de ser sometidos por el vecino de norte para ser su policía y por otro lado nuestra propia responsabilidad. Se pensó, según yo, que bastaba con cambiar el discursos, así se abrieron las puertas a un flujo migratoria desorganizado y mediatizado más de lo común. Asumir los compromisos frente a la migración implica muchos recursos, diálogo, inteligencia, orden, cooperación y creatividad. Esto parece que no abunda, no sólo en el gobierno mexicano, sino también entre muchos agentes involucrados en la respuesta a la realidad del aumento del flujo migratorio a través de México y al nueva situación de “refugio” que está aconteciendo en el norte.

        La lista de responsabilidades y búsqueda de responsables la podemos extender, pero creo que no servirá de mucho.  Urge comenzar por tomar prestado el espejo de la mano de la prudencia, y nosotros, ciudadanos sin mucha posibilidad de impacto a gran escala, mirarnos en él, asumir la posibilidad de comenzar el cambio en nosotros. Sí, un cambio de posición, de discurso y de relación con esta realidad objetivada en los cuerpos de Oscar y Valeria flotando sobre el río.

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La virtud prudencia

       Los cristianos estamos llamados, desde la caridad a mirar la realidad de estas personas. Hay que dar un paso atrás de la tentación de pensar que son números, problemas, ajenos.  

        Para afinar nuestra mirada a nosotros mismos, puede ayudar preguntarnos:

       ¿Quién soy?, ¿cuál es mi discurso sobre los migrantes y los refugiados? ¿qué relación tengo con la migración? ¿qué me dice hoy Dios a través de Oscar y Valeria, de Tania? ¿a qué me siento invitado, invitada?

        Quien se mira en el espejo, sin tener el horizonte de la justicia, esto es el comprometerse, procurar y darse cuanta de la relación con la vida de los demás, no es prudente, es un narcisista. El prudente busca la justicia y el justo es prudente. 

        Pasemos pues del sentimiento a la sensibilidad y hagamos el compromiso de operar el cambio, primero el más accesible, el cambio de mi mismo.  Que el amor sea mayor que el miedo y la creatividad mayor que la miseria.

@hernan_quezada