Del sentimiento a la sensibilidad

Oscar y Valeria, una historia de migración.

padre e hija

       La imagen de Oscar y Valeria, muertos, flotando sobre el río fronterizo entre Estados Unidos y México, es un dardo cargado de sentimientos a nuestras conciencias, a nuestras sensibilidades. Quedan rasgos indelebles de la desesperación y el amor. Colocada desesperadamente Valeria dentro de la camisa de Oscar, nos narra la búsqueda de mantenerse con vida y de no perder a su pequeña. Falta en la fotografía Tania, la madre aún viva que ha presenciado como el río le arrebató a su hija y a su esposo.

       El dardo sentimental puede quedarse en eso, en sólo una descarga de sentimientos de tristeza que nos sacuden y se agregan a expresiones de indignación digital, que inundarán las redes sociales en los próximos días para perderse en el baúl de la “big data”.

        La foto duele, y hay que mirarla con detalle, sin miedo y sin morbo, pero sí con el deseo de darle voz a Oscar, a Valeria y a Tania, y en ellos escuchar la voz de Dios ante la realidad urgente de los migrantes, que cada uno tienen nombre e historia.

        Oscar y Valeria son la concreción de una tragedia antigua. Son muchas y muchos los que han muerto ahogados, deshidratados, abandonados en el desierto. La tragedia desgraciadamente no comienza aquí ni se acaba aquí. Pero nuestra relación y reacción personal sí que puede ser distinta a partir de aquí.

        Oscar y Valeria no son la imagen del salvadoreño peligro para México que se  propaga en las redes sociales; Oscar era un cocinero, esposo y padre de familia. ¿Qué contexto de su hogar le habrá obligado a escapar con tanta desesperación? ¿De qué infierno rescataba a Valeria?

 La historia y la política salvadoreña tiene una responsabilidad en la tragedia y una gran tarea. familia salvadoreña

        No han faltado las publicaciones que señalan como único culpable al presidente de los Estados Unidos. Responsabilidad política y personal, creo que la tiene, sus discursos llenos de odio y de violencia, su autorreferencialidad y soberbia que encuentra acogida incluso entre mexicanos, están empapando estos cuerpos. Pero no es Trump el único ni el mayor responsable.

        ¿México responsable? En los últimos días, el tema de la migración está sobre la mesa de México. Por un lado la humillación de ser sometidos por el vecino de norte para ser su policía y por otro lado nuestra propia responsabilidad. Se pensó, según yo, que bastaba con cambiar el discursos, así se abrieron las puertas a un flujo migratoria desorganizado y mediatizado más de lo común. Asumir los compromisos frente a la migración implica muchos recursos, diálogo, inteligencia, orden, cooperación y creatividad. Esto parece que no abunda, no sólo en el gobierno mexicano, sino también entre muchos agentes involucrados en la respuesta a la realidad del aumento del flujo migratorio a través de México y al nueva situación de “refugio” que está aconteciendo en el norte.

        La lista de responsabilidades y búsqueda de responsables la podemos extender, pero creo que no servirá de mucho.  Urge comenzar por tomar prestado el espejo de la mano de la prudencia, y nosotros, ciudadanos sin mucha posibilidad de impacto a gran escala, mirarnos en él, asumir la posibilidad de comenzar el cambio en nosotros. Sí, un cambio de posición, de discurso y de relación con esta realidad objetivada en los cuerpos de Oscar y Valeria flotando sobre el río.

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La virtud prudencia

       Los cristianos estamos llamados, desde la caridad a mirar la realidad de estas personas. Hay que dar un paso atrás de la tentación de pensar que son números, problemas, ajenos.  

        Para afinar nuestra mirada a nosotros mismos, puede ayudar preguntarnos:

       ¿Quién soy?, ¿cuál es mi discurso sobre los migrantes y los refugiados? ¿qué relación tengo con la migración? ¿qué me dice hoy Dios a través de Oscar y Valeria, de Tania? ¿a qué me siento invitado, invitada?

        Quien se mira en el espejo, sin tener el horizonte de la justicia, esto es el comprometerse, procurar y darse cuanta de la relación con la vida de los demás, no es prudente, es un narcisista. El prudente busca la justicia y el justo es prudente. 

        Pasemos pues del sentimiento a la sensibilidad y hagamos el compromiso de operar el cambio, primero el más accesible, el cambio de mi mismo.  Que el amor sea mayor que el miedo y la creatividad mayor que la miseria.

@hernan_quezada

 

Ayunar o no ayunar

Ayunar o no ayunar

Un amigo de las redes sociales, me ha planteado sus inquietudes sobre el tema del ayuno en torno a este tiempo de la Cuaresma. Me señaló lo confuso que es leer en las redes sociales invitaciones a una gran variedad de opciones de ayuno, algunas incluso opuestas. Entre lo que nos encontramos sobre el tema, como propuesta de ayuno de Cuaresma podemos destacar:

  1. Quitar el alimento, a pan y agua (incluso con poco pan y poca agua).
  2. Con que no comas carne roja los viernes de Cuaresma es suficiente para cumplir la prescripción.
  3. Come todo lo que quieras pero private de criticar a tu hermano, de hacer cosas malas, de exagerar tus tiempos en las redes sociales, etc.
  4. Private de algo que te gusta mucho, aunque no sea malo, por ejemplo ver tus series favoritas, hacer deporte, comer chocolates.
  5. Ignora este tema del ayuno, no importa, da totalmente lo mismo.
  6. ¡Ayuna, pero de redes sociales!

La lista puede continuar, la creatividad y la información no sólo es abundante, sino variada, e incluso, podríamos decir opuesta entre sí.

Si vamos a nuestros libros sagrados, encontramos lo mismo, muchas descripciones de lo que es el ayuno y también nos van a parecer algunas incluso enfrentadas. Basta recordar las lecturas de este miércoles de ceniza:

Toquen la trompeta en Sión, promulguen un ayuno” (Joel 2,12.18) y “Cuando ayunen no pongan cara triste… que no sepa la gente que estás ayunando“( Mt. 6, 1-6. 16-18) Entonces, ¿Con trompetas o sin trompetas?

¿Entonces?

Podemos considerar para pensar juntos el tema, lo siguiente:

  1. ¿El ayuno consiste en privarnos de hacer el mal (incluso a nosotros mismos)? Privarnos de hacer el mal es algo que debemos de hacer no sólo en Cuaresma, sino todo el año. ¿No creen?. Lo mismo aplicaría en el quitar de nuestra vida las cosas que me hacen mal, los excesos, los vicios, etc.  Dejar de hacer(nos) el mal es imperativo de todo ser humano y de todo cristiano.
  2. Lo que no hace mal o no me hace mal, entonces, es una cosa buena, es un bien.  ¿Por qué o para qué estaríamos llamados a quitarnos un bien de nuestra vida?
  3. Pero, ¿Estamos llamados o no al ayuno en esta Cuaresma? ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene? ¿Tiene sentido “privarnos”, “quitar”, “renunciar” en la Cuaresma?

En el llamado al ayuno, no hay duda, los creyentes, los fieles católicos estamos llamados al ayuno en la Cuaresma. 

Todos somos llamados por nuestro Creador a una vida buena, a una vida plena, feliz. Sabemos que queremos ir hacia Dios, viviendo una vida buena. Y para llegar, hay que ponernos en movimiento, se trata de un “ir” y no de un “estar ya”.

Siempre, porque somos humanos, solemos errar la ruta, vamos demasiado a prisa, demasiado lento. No pocas veces nos distraemos entre muchas cosas, incluso con nosotros mismos. Dejamos de mirar el horizonte y no pocas veces clavamos la mirada incluso en nuestro propio ombligo, y así seguimos. Si no nos detenemos, si no miramos de nuevo hacia el horizonte al que somos llamados es posible que tropecemos, que guiemos nuestros pasos poco a poco, o con mucha prisa a un desfiladero.

La Cuaresma es ese tiempo en que somos llamados a detenernos, a regresar.

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Somos llamados a dejar de distraernos. Todo lo que se convierte en ceniza es perecedero, incluso yo. Todo lo perecedero es medio y no fin. Esto lo hemos recordado el miércoles de ceniza.

 ¿A dónde vas? ¿A qué vas? ¿En dónde estás?

La Cuaresma es un tiempo de silencio fecundo, ¡De ayuno!, ¡sí!, de quitar, de apagar, de tirar, de dejar. Hay cosas a las que simplemente hay que bajar el volumen porque no nos permiten escuchar. Hay otras que nos damos cuenta nos están pesando y no nos sirven, en algún momento de la ruta las recogimos pero no sirven, esas hay que abandonar.

Así, el ayuno en la Cuaresma no trata de privaciones y propósitos, se trata de detenernos y regresar. Sí, regresar, regresar a lo que Dios quiere, a lo que Dios nos llama (Isaías 58):

  • A la piedad.
  • A liberar a los oprimidos, a romper todo yugo.
  • A compartir, especialmente con los más pobres.

La ruta que nos propone es:

  • Quita de tu espalda el yugo ¿Qué te impide vivir en libertad plena, de pie?
  • Deja de alzar tu dedo para amenazar y juzgar con iniquidad ¿A quién estás apuntado últimamente con tus juicios?
  • Ofrécete a los demás. Se buen alimento para los que están cerca de ti.

La promesa que nos hace es:

  • Saciedad
  • Vigor
  • Re-construcción sobre nuestras propias ruinas
  • Deleite en el Señor.

ayuno2 reloj

Este es el horizonte de la Cuaresma: Regresar. regresar al encuentro con el Resucitado, para reforzarnos de la certeza que es ES con nosotros, que su Espíritu nos habita.

Y, entonces. ¿El ayuno?  No se trata de privarnos del mal y de lo malo sólo en este tiempo, sino que mirando de nuevo el horizonte, escuchado la llamada de Dios, quitamos lo malo y el mal para siempre. Vamos renovados, ¡Regresamos!

Y, ¿Quitar las cosas buenas? Tanto cuanto, nos ayuden a detenernos, a darnos cuenta. Por ejemplo, yo me doy cuenta que hace mucho que no me importa el “hambre” en el mundo, Entonces, sutilmente, en silencio, hago el signo de privarme en solidaridad con los hambrientos y compartir con ellos, para pedir junto con ellos a Dios que me refuerce mi compasión, mi deseo de ser alimento. Tanto cuanto sea un signo interno, sutil, secreto, personal y sobre todo con sentido respecto a este DETENERME y REGRESAR, será cosa buena.

Que esta Cuaresma no sea tiempo de privación, sino de conversión. Que no sea tiempo de promesas, sino de retorno y encuentro.

Sabemos que muy probablemente el próximo año estaremos en las mismas condiciones, necesitados de detenernos y regresar. Pero Dios lo sabe, y por eso ha querido ser con nosotros en este ir en y al Encuentro.

 

 

 

El Sinodo “de la posibilidad”

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El sínodo de “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional“, llega en un contexto especial de nuestra Iglesia. Un contexto de escándalos y división, pero también en el contexto de un Papa que se “da cuenta”, un Papa que discierne y nos llama a discernir.

No faltan las voces que llamarón a la cancelación de este Sínodo. Otras voces han apuntado a una posible “inutilidad” de éste. Yo soy de las voces que consideran que estamos ante el sínodo de la “posibilidad”.

El sínodo de la posibilidad

El sínodo en su nombre contiene una palabra en crisis: “la fe“. La abrazan dos asuntos que esbozan futuro: los jóvenes y el discernimiento vocacional. Sí, sin jóvenes no hay futuro, y sin juventud, la iglesia, no tendrá futuro. Cuando digo juventud de la Iglesia, no me refiero a que esté repleta de gente joven, sino a ser una iglesia llena de juventud, caracterizada por la fuerza y la audacia. Si perdemos la juventud, perdemos el entusiasmo y nos convertimos en una institución encerrada en una falsa seguridad mundana (Intrumentum Laboris, 77).

No hace mucho, escribía, que creo que Dios sigue llamando a ir con él, no deja de llamar, y en ese sentido no estamos ante una crisis de vocaciones,  siempre habrá en todos nosotros “vocación”, sentido, invitación. Lo que hoy experimentamos, desde mi percepción, es una crisis de vocación.

Nuestra vocación, nuestra identidad, nuestro sentido, nuestra fe la que se encuentra en crisis. Ante la “crisis de vocación” es urgente el discernimiento vocacional, no sólo en los jóvenes, sino en toda la Iglesia. Importante reafirmar quiénes somos y qué queremos, a quién es Ese al que hemos elegido seguir.

En esta crisis, los jóvenes tienen mucho que decirnos y aquí nos plantamos ante un gran desafío para este sínodo y para toda la Iglesia: Escuchar

Escuchar

Con una metodología novedosa, este sínodo recoge la voz de jóvenes de muchas partes del mundo, jóvenes católicos en su mayoría, pero también jóvenes no católicos y no creyentes.

El Instrumentum laboris, nos deja claro que la propuesta es la de escuchar. Para que esto suceda, se ha esbozado una ruta de discernimiento que consiste en reconocer, interpretar y elegir (IL, 3).  Pero nada ira adelante, si los participantes del sínodo mantienen sus oídos cerrados a lo que han expresado los jóvenes, o si optan por distorsionar, suavizar ó manipular la palabra que hoy dirigen los jóvenes a la Iglesia.

La palabra de los jóvenes que recoge el IL que es clara e interpelante.  Es cierto que para muchos jóvenes hemos dejado de ser pertinentes,  muchos otros claman por nuevos modos de ser incluidos, participar y construir en Iglesia.  Al final, los jóvenes nos dicen que están aquí y tienen interés en la Iglesia. Esa es una buena noticia.

“Queremos una Iglesia que abra paso a involucrarnos en las actividades pastorales y nos permita crear, no solo reproducir lo ya establecido”. (Vídeo)

Discernir

¿Para qué?. Esto es muy importante subrayar y tener presente a lo largo de este sínodo. El sentido de este reconocer, interpretar y elegir, NO debe ser para atraer de nuevo a los jóvenes a nuestros templos, sino para abrirnos a la escucha del Espíritu en la voz de los jóvenes. ¿Qué nos dice Dios a través de ellos?

 

Si creemos que Sínodo será la respuesta al vaciamiento de nuestras iglesias, será un error catastrófico.

Para la Iglesia buscar la voz de Dios y recobrar juventud en y con los jóvenes será la posibilidad. 

#Sinodo2018

 

Nuestra implicación moral ante las “fake news”

Nuestra implicación moral ante las “fake news”

Retomo las letras en mi blog para abordar uno de los temas más sonados en los últimos días: Fake news

Las Fake news son noticias falsas. El objetivo de éstas es manipular nuestras percepciones sobre una persona, proyecto o acción.  Parece tomar peso aquello de: di una mentira, repítela muchas veces y terminará convertida en una “verdad”.

Las redes sociales como Facebook,  twitter y WhatsApp entre otras, nos han convertido en sujeto activo de la estrategia fake news. Quizás hace unos años ante lo que se nos presentaba en televisión, radio o prensa, nuestro rol era sólo de receptores. Algunas pocas noticias llamaban nuestra atención y las difundíamos de manera verbal señalando con mucha contundencia la fuente de ésta: Un reportero, un canal televisivo, la opinión de tal o cual.

Las fake news parecen brotar de la nada, aparecen en nuestras redes sociales muchas veces anónimas. Producciones “virales” de mentiras corren por el mundo virtual sin dueño, sin responsable. Pero tienen objetivo, y éste no es moral.

Las noticias falsas sintonizan con nuestras filias y nuestras fobias, con nuestros miedos y nuestros deseos. Apuntan al nivel más inconsciente de nuestra psique y nuestros afectos. Drogados por la atracción inconsciente damos click a un “me gusta” o a “compartir“. Algunos hasta se atreven a comentar algo sobre lo que ha hecho blanco en sus pasiones. Estas acciones nos vuelven parte del objetivo: promover la mentira.

Los cristianos (todos los seres humanos ) estamos llamados a procurar la verdad, no “mi verdad”, sino la Verdad que nos hace libres. Consideramos a la mentira un pecado, pues justamente es lo contrario a la verdad.

¿Qué tanta implicación moral tiene un click en una red social? Mucho, implica volvernos sujetos activos de la búsqueda de la verdad o de la difusión de la mentira, morales o inmorales.

Ante el mar de información necesitamos detenernos, mirar con responsabilidad y compromiso con la verdad. Para ello es necesario darnos cuenta de nuestras filias y fobias, comprometernos con la verdad y darnos cuenta de la tarea cristiana del discernimiento.

Discernir la información que recibimos y nuestra acción ante ésta es una obligación moral. Para ello puede ayudarnos:

  1. Tener claro quién lo dice (duda de toda publicación sin responsable)
  2. ¿Cuáles son sus fuentes?
  3. ¿Qué siento? Es muy importante darnos cuenta del sentimiento que nos provoca lo que tenemos frente. Qué cola tiene: me deja excitado y turbado, o me deja con paz, con tranquilidad. (No pocas veces borramos algo que publicamos cuando sentimos intranquilidad, incomodidad).
  4. ¿Qué pienso que tiene como intencionalidad la publicación? ¿Qué me hace pensar?.
  5. Finalmente: Cuál es la invitación de fondo que recibo ante esta publicación. ¿Para qué la voy a difundir?

Es importante acompañar toda publicación que replicamos con una reflexión propia. Eso de algún modo enriquece y nos implica. Nos hace darnos cuenta y actuar con más responsabilidad.

La mentira es un pecado, difundir mentiras nos degrada. Comprometernos con la verdad es una acción moral urgente que ayudará a erradicar la violencia y a construir la justicia y la paz.

 

 

 

La curiosidad mató al gato.. y a mí, me hizo jesuita.

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Pensar la vocación de los sacerdotes, de religiosos y religiosas, muy frecuentemente es ligado a imaginarios que refieren una especie de llamado a ser alguien “especial”, un llamado a ser más santo, más bueno, más puro. Pareciera que hemos sido elegidos para ser un poco “raros”, distantes y que este llamado se da a través de momentos angelicales con tintes un poco cursis.

A propósito de este día “Jesús sumo sacerdote”, en que estoy recibiendo felicitaciones por ser sacerdote (mismas que agradezco infinitamente), he querido compartir el cómo entiendo, desde mi experiencia personal, este asunto del “llamado”, en mi caso a la vida religiosa sacerdotal. (pero aplica para todo estado de vida al que somos llamados).

La vocación de Moisés (Ex. 3, 1-12) es la que mejor me permite expresar mi propia versión del “llamado”.

  1. La curiosidad mató al gato… Espíritu de investigador

Moisés mira que algo “raro” sucede en su entorno: Una zarza arde y no se consume. “Voy a acercarme para ver este extraño caso”. En lo cotidiano de la vida nos sorprenden sucesos, personas, acontecimiento, sensaciones que son “extra-ordinarias”, salen de lo común. Muy comúnmente exclamamos: “que raro”, seguimos de largo, y aceleramos el paso. Pero algunos, en algún momento, nos vemos poseídos por la curiosidad y el espíritu investigativo, y nos acercamos a esos acontecimientos, y en ellos Dios se dirige a nosotros, nos llama por nuestro nombre: “¡Moisés, Moisés!”, y nosotros, ya envueltos en el asunto, decimos: “Heme aquí”.

  1. Dios presenta credenciales

En esos eventos extra-ordinarios, Dios se nos identifica, se nos identifica subrayando su presencia y familiaridad en nuestra historia: “Yo soy el Dios de tu padre…”, Dios se identifica y se nos muestra, ya no queda duda que es Él quien nos está llamando. Nosotros, como Moisés, solemos “cubrirnos el rostro”, porque la presencia de Dios a veces nos asusta (¡¿En qué me metí?!)

  1. Anuncia el objetivo de su llamado, un “para qué”.

“He visto la aflicción de mi pueblo… He escuchado el clamor ante sus opresores y conozco sus sufrimientos. He bajado para liberarlos de la mano de los explotadores y llevarlos a un lugar mejor. Su Clamor ha llegado hasta mí, he visto la opresión con la que los afligen” . Dios marca agenda, se nos presenta como un Dios preocupado por la injusticia, por el sufrimiento de su pueblo. No es un Dios impasible, indiferente. Está decidido a actuar. Exclamamos entusiasmados: ¡Ese es Dios!, ¡Hay justicia!, ¡Dios va a actuar!. Luego, viene un contundente: Y, por eso te envío. Ahí está el punto, “Para eso te envío”, sale la invitación directa, su plan de acción me incluye. Así pues, todo llamado es “para”, el llamado tiene horizonte, y éste nos incluye. Ese “para” no es para mí, es un “para los demás”; el llamado es centrífugo, nos descentra, nos envía, nos hace salir del propio querer e interés, nos aleja la mirada del ombligo.

  1. ¿Yo?, ¡Pero con qué! (caso extremo: ¿por qué yo?)

Cuando nos sentimos convocados, llamados a una acción de tal envergadura, pues viene una realista auto-mirada que no hace exclamar: ¿Yo?, ¿así? ¿pero cómo?, ¿a quién se le ocurre?, tal cómo exclama Moisés: “¿Quién soy yo para ir al Faraón y sacar a los israelitas de Egipto?”.   Esta auto-evaluación es muy importante, pues mirar la limitación propia nos hace comprender que el proyecto, el llamado, la misión, no será asunto mío(yo sólo contra el mundo) sino un proyecto de colaboración, una sociedad con Dios que implicará sentirnos confiados, escuchar con claridad la promesa: “Yo estaré contigo”. (Yo te daré con qué). Sin la certeza de que somos colaboradores, será muy complicado decir SI.

  1. Discernir los medios ¿cómo, cuándo y dónde?

Una vez dicho el SI, comienza la empresa de discernir los medios, comienza la ejecución de aquello a lo que hemos sido llamados y llamadas. Y con ello viene una vida intensa de sorpresas, crisis, aventuras, etc. Pero contamos con la garantía de que Dios, el autor del proyecto está de mi lado, qué Dios me ha invitado a una misión ya antes encomendada al Hijo: Anunciar e instaurar el Reino de Dios.

      Así he experimentado mi llamado, la curiosidad me llevó a asomarme a lo extra-ordinario, ahí encontré a Dios, éste me llamó por mi nombre. No para mí mismo, ni para mi propio camino de santidad y salvación, sino para ir y servir, para sumarme al proyecto de Reino como compañero de su Hijo, en esta su mínima Compañía de Jesús.

A lo largo de los años, como jesuita y como sacerdote, el camino ha estado lleno de rostros, amigos, lugares y momentos, que me llevan a exclamar un mayúsculo GRACIAS por tanto bien recibido. AMDG

bautizo CMA

@hernan_quezada

Los políticos ante los millennials.

En muchas latitudes del mundo, estamos viviendo las carreras electorales de políticos. En México enfrentaremos en un mes la jornada electoral para elegir gobernador en el Estado de Mexico que conforma buena parte de la zona metropolitana de la Ciudad de México y es un bastión político importante para el partido gobernante en el país:…

a través de Los políticos ante los millennials — entreParéntesis

Los jóvenes, riqueza necesitada de transformación

Hace unos días el Papa Francisco convocó a un nuevo sínodo, esta vez con el tema: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Para ello se elaboró un documento de preparación al sínodo que plantea: “Cómo acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud,…

a través de Los jóvenes, riqueza necesitada de transformación — entreParéntesis

La presencia en “Silencio”.

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Silencio, la nueva película de Scorsese sobre los cristianos perseguidos en Japón y los misioneros jesuitas, nos planta fuera de la frontera de lo común.

Con una increíble belleza cinematográfica Silencio nos coloca ante el desafío moral del martirio y la responsabilidad con la vida de los otros. Comúnmente asociamos el martirio a dar la vida en el sentido de morir por la fe. Silencio nos presenta un modo de martirio que quizás resulta más cruel que el morir, es un suplicio que se prolongará a lo largo de toda la vida. Me parece para muchos de nosotros podría ser más desafiante: la muerte de “ego“, la muerte del Yo, que la muerte del cuerpo. Se trata de un sacrificio que busca la vida de los otros aceptando la condena de vivir sumergido en el silencio, en la negación del yo, en la pérdida de la “buena fama”, en la incomprensión.

Rodrigues, el misionero jesuita protagonista de esta película, reclama el “silencio de Dios”, parece ser que Dios calla. Este reclamo será respondido en la trama de la película, de tal modo que nos deja claro que el silencio no es ausencia, pues en el silencio podemos descubrir una presencia solidaria, encarnada, cercana y respetuosa, más intensa que la que podría darse en el ruido y en el juego de palabras. ¿Estaba Dios presente en el sufrimiento de los cristianos perseguidos? ¿Estaba Dios presente en la decisión de Rodrigues?

¿Son las palabras y los gestos los únicos modos de expresar lo que tenemos en el corazón? Parece que no, parece ser que nuestros gestos, nuestras palabras podrían ir en un sentido totalmente no correspondiente a lo que queremos y amamos, y eso, podría ser en sí la expresión más coherente del amor y de nuestra fe.

Finalmente, según yo, podremos vernos reflejados con mucha nitidez en el personaje Kichijiro, un personaje que desespera con su debilidad y enternece con su búsqueda. Un personaje que no es valiente, pero si es persistente en medio de su cobardía. Es en él en dónde se manifiesta el amor de Dios y  obtendrá el personaje lo que sólo por gracia se puede recibir.

Sin duda, hay que ver “Silencio” sin palomitas y  sin esperar diversión. Hay que ir a ver “Silencio” dispuestos a experimentar el silencio y a descubrir la presencia de Dios, del amor, de la fe en una intensa experiencia contemplativa y sensorial que nos presenta Scorsese en su película.

#Silencio #Silence #Scorsese

El problema más serio no se llama Enrique ni su apellido es Trump

 

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Hoy es ya presidente de EU Donald Trump, el presidente de México tiene un 12% de aprobación, muchos de los políticos mexicanos, senadores y diputados nos causan desconfianza (bonos, sueldos elevados, presumen su ignorancia, pereza e insensibilidad, sus discursos siguen llenos de reclamos y pleitos y carecen de propuestas concretas), el “gasolinazo” es la bandera de la crisis financiera y de corrupción del país, los saqueos de los gobernadores, Duarte sin ser sometido a la justicia, aumento de pobreza, desempleo, la violencia invade todos los rincones del país, el asesinato de turistas y balaceras en Quintana Roo amenazan nuestra principal fuente de ingresos, los niños tratados con agua destilada en lugar de quimioterapia en Veracruz, etc, etc. En todo este panorama desolador que muestra la crisis social de México, aparece lo acontecido en el colegio de Monterrey, y ello, desde mi punto de vista nos habla del fondo de todo lo demás: Una crisis humana, un deterioro ético y cultural. 

El terrible caso acontecido en el colegio de Monterrey nos habla no sólo de un adolescente que enloqueció, disparó y se quitó la vida. Nos presenta un adolescente que pertenecía a un tipo de secta cybernetica llamada “legión holk“, un grupo que se dedica a posicionar en redes sociales hashtags violentos, como #MasMasacresEnMexico. Este joven además parece ser que informó en sus redes sociales que haría una masacre en su colegio. (1)

Si el caso del colegio en Monterrey no tuviera todo el entorno que hemos comentado, quizás sólo hablaríamos de un joven inestable o con un trastorno psicológico que le llevó a cometer semejante atrocidad. Pero no, no se trata del dato de un joven sólo psicológicamente inestable, sino que nos revela, creo yo, el fondo de toda nuestra crisis: la precariedad humana en la que hemos caído. El joven de Monterrey por los caminos más equivocados y terribles trató de llamar la atención, de pertenecer y “ser fiel” a su pertenencia. ¿Qué hay detrás de su grito violento? ¿Por qué encontró pertenencia en ese grupo violento? ¿Por qué se nos va haciendo “común” la violencia? ¿Qué buscaba ese joven? ¿En dónde habría buscado antes pertenencia y solidez este joven? ¿Por qué no la encontró?

Cuando me refiero a precariedad, estoy pensando en el contexto precario en que se encuentran los jóvenes y los adolescentes (y nosotros también con ellos), un contexto que los coloca en una crisis humana profunda. Es lo que llamamos “pecado estructural”. El modo como estamos viviendo ya no es sostenible más.

Lo precario lo hemos construido todos y lo padecemos todos, en mayor o menor medida, lo hemos construido cuando vivimos lo que el Papa Francisco nos señala en su exhortación Evangelii Gaudium:

“Se ha desarrollado una globalización de la indiferencia”, “La cultura del Bienestar nos anestesia”, “El ser humano  es considerado bien de consumo”, “se instala una nueva tiranía invisible a veces virtual”.

En nuestra sociedad, dice el Papa Francisco en la misma exhortación: “Predomina lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio. Lo real cede el lugar a la apariencia” y ahí, señala el Papa Francisco, se enmarca la crisis de la familia.

En los últimos meses en nuestro equipo de trabajo hemos hablado sobre la soledad y la búsqueda que vemos en los adolescentes y los jóvenes, y la poca oferta de opciones pertinentes ante sus necesidades. Cuando convocamos a eventos para jóvenes, los primeros en llegar son adolescentes, hay en ellos una sed de sentido, de pertenencia, de identidad, de solidez. Los adolescentes y los jóvenes nos están pidiendo a gritos pertenencia, referencias sólidas. Si no las ofrecemos o no les facilitamos encontrarlas seguirán buscando y optando por rutas equivocadas.

Dice el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si (Que por cierto no es un texto sólo sobre medio ambiente, sino que es un texto que nos llama a reconciliarnos, con Dios, los otros y con el medio ambiente):

Nuestro superdesarrollo es derrochador y consumista, que contrasta de un modo inaceptable con las situaciones persistentes de miseria deshumanizadora” (LS109) “Se nos ha transmitido un sueño prometeico de dominio sobre el mundo“. (LS116) La situación actual del mundo «provoca una sensación de inestabilidad e inseguridad que a su vez favorece formas de egoísmo colectivo».”Cuando las personas se vuelven autorreferenciales y se aíslan en su propia conciencia, acrecientan su voracidad”. (LS 204). Esto es el deterioro ético y cultural en el que estamos nadando y en el que están sumergidos los adolescentes y los jóvenes junto con nosotros; pero son quizás ellos los que más se resisten o las mayores víctimas de éste.

He hablado de búsqueda de solidez, refiriendo a Zygmund Bauman, parece ser que estamos en un mundo en donde todo se ha vuelto líquido, sí, las instituciones, los discursos, los referentes que antes eran sólidos hoy tienen la consistencia del agua, no nos podemos “agarrar” de nada. Hace poco escribía sobre la familia (¿Marchar o procurar?) y ahí hablaba de la crisis de la familia, pero no es sólo una crisis interna de la familia, sino una crisis muy amplia que ha colocado a una gran institución social en una situación de mucha liquidez, de mucha precariedad. Muchos de nosotros crecimos sabiendo que nuestra familia sería nuestra familia para toda la vida, y que nuestra casa era hogar por al menos un bien periodo de tiempo; hoy los adolescentes y los jóvenes no tienen acceso a esa certeza, o la certeza es fragmentaria. Y quiero subrayar, no es culpa de las familias, sino del contexto precario en que se encuentra la institución familiar, y eso tiene que ver con finanzas, sentido, oportunidades, urge “procurar” un contexto distinto para que las familias surjan y perduren. Hoy el “gasolinazo” pone en mayor precariedad a las familias. Extraño a los frentes de la familia diciendo una palabra sobre esto, uniéndose a la voz de los obispos mexicanos para señalar lo precario e injusto que acontece.(2)

Hace unos días también dialogaba con alguien que me planteaba como deberíamos para ser “incluyentes” desdibujar el cristianismo de nuestras actividades que ofrecemos para los jóvenes. ¡Error! (desde mi punto de vista), los jóvenes están buscando referencias claras y sólidas, no ayuda ni un cristianismo fundamentalista y rígido, pero tampoco un cristianismo desdibujado.  Yo creo que si queremos ser incluyentes, tenemos que ser sumamente cristianos, pues el cristianismo siempre es incluyente. Desde un cristianismo sólido podemos dialogar y caminar juntos con otros y otras, podemos estar abiertos al encuentro con otras religiones reconociendo en ellas todo lo que de bueno tienen. Pero desde un cristianismo diluido, sólo nadaremos en el mar de la confusión y la liquidez. 

Es urgente que mostremos lo profundo del cristianismo, lo pertinente y necesario que resulta para los jóvenes el cristianismo, es identidad, es sentido, es referencia. Y por otra parte, son más que nunca necesarios y pertinentes para el mundo de hoy estos jóvenes. Lo mismo digo para la Iglesia, urge mostrarnos unidos, pertinentes y sólidos (no rígidos ni duros). Celebro la iniciativa del Papa de convocar a una gran reflexión sobre el tema de los jóvenes y la vocación (sentido de vida, búsqueda, discernimiento).

Con todo lo anterior, creo que nuestro mayor problema no se llama Donald Trump, ni Peña Nieto. Nuestro mayor problema se llama deterioro ético.

El deterioro ético está ocasionado por una serie de “valores” que nos han sido propuestos o impuestos, por un sistema económico que ya no sirve y está cobrando nuestras vidas. ¿Qué hacemos entonces? Procurar, sí, comencemos a procurar cambiar desde lo más interno y personal, y para ello será necesario “re-valorizar” lo que nos mueve, desde lo que vivimos, y para ello creo que en el cristianismo más auténtico, ese que brota de los evangelios y que hoy el Papa Francisco anuncia con fuerza, podemos encontrar buenas bases de solidez, de sentido y de base para discernir, para ir eligiendo aquello que nos haga a todos y a todas más plenos, más felices. No olvidemos que no será posible la felicidad procurada sólo para uno mismo (así como lo ha planteado Trump en su primer discurso como presidente de EU, “solos seremos grandes”), la búsqueda de la felicidad individualista no será el camino, creo yo.

Hay muchos modos de comenzar a procurar, por ejemplo podemos comprometernos a dudar, a dudar de nosotros mismos, a detenernos y mirar, escuchar, dialogar y luego decidir. Podemos comprometernos a hablar con nuestras familias y amigos de cómo procurar la reconstrucción de nuestra sociedad.

Podemos procurar un acercamiento y acompañamiento a adolescentes y jóvenes, no diluyéndonos sino con solidez, (aquí hay una tensión entre la rigidez y la solidez. Prometo luego compartir mis reflexiones sobre el punto).

La solución del problema de fondo es compleja, pero está al alcance de nuestra mano comenzar a cambiar las cosas. Esa es una buena noticia.

Podemos comprometernos a no participar de la violencia ni de la corrupción, a tener como consigna la verdad y a trabajar por el bien común. Para ir comenzando.

El pesebre no huele bien…

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Parece ser que una de las tendencias de los seres humanos es la de “maquillar la realidad”, o hacer de lo complicado fantasía de cuento de hadas. Así pasa con el “nacimiento”, el nacimiento de nuestro Dios con Nosotros. A lo largo de la historia, el nacimiento de Jesús, ha venido embelleciéndose de tal manera que cuando lo representamos en nuestra mente, sobre abundan rasgos de escenografía que parecen representar el nacimiento de un “rey terrenal” y no de Jesús de Nazaret. Luces, borregos estilizados, ángeles que descienden de lo alto, pastores con rostros angelicales y vestimentas graciosas, estrellas brillantes, y un pesebre, un pesebre elegante, magistral, gracioso, que nos emula aromas finos y exóticos.

Imaginar una realidad de “nacimiento”, puede complicarnos comprender internamente la profundidad del acontecimiento. Jesús nació en medio de la pobreza, nació no sólo puesto fuera, sino un tanto perseguido. Jesús nació en un país ocupado, y por tanto en un pueblo entristecido y humillado,  nació entre la incomprensión y la insolidaridad de posaderos, entre la complicidad turbia de autoridades religiosas y civiles, nació en medio del silencio y la desesperanza. Jesús nació en un establo, y los establos no huelen bien, el pesebre no huele nada bien, humores viscosos y rancios. Vacas flacas y borregos esquilados habrán estado cerca de Jesús, María y José.

Hoy, ¿En dónde nacería Jesús?, posiblemente de nuevo en un país ocupado, en la miseria; quizás sería hijo de migrantes, de esos perseguidos, de esos encerrados en campos de refugiados a los que se les niega el acceso a un Estado. Jesús nacería entre corrupción, complicidades, ¿Qué haría de pesebre? ¿En dónde sería recostado? Seguro el “pesebre” tampoco olería nada bien.

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Foto: Jesuitas de España.

Y si pienso mi corazón como pesebre, sin duda hay partes de él que consideraría muy dignas para hacer de “pesebre”, pero si Jesús ha de elegir, creo que elegiría esas partes de mi corazón que no “huelen” bien, esas mezquinas, frías, oscuras, complicadas.

¿Por qué Jesús ha decidido encarnarse y optar por nacer en tales realidades? Por que el Hijo ha querido hacerse hombre en el contexto de un plan de redención, sí, de un plan que busca redimir aquello mísero, aquello mezquino, aquello en lo que falta redención. La redención que arranca con la encarnación no se impone, se coloca, se coloca como niño frágil en medio de la precariedad, en medio de malos olores. La redención comienza sostenida, vulnerable pero cuidada, es una presencia que provoca la ternura de los violentos, la felicidad de los que sufren, la acción de los poco útiles, el cuidado de los que tienen miedo, la solidaridad de los pobres, los cantos de los sin voz, el renuevo de lo seco. Así comienza la redención, sumando, transformando  la mirada y el sentido de las cosas, el pesebre se convierte en cuna, la oscuridad se convierte en luz.

No busquemos en esta navidad querer ofrecer una cuna de oro en nuestro corazón para que repose el Salvador, ofrezcamos con esperanza, hasta un tanto temerosa, el pesebre, ese de nuestro corazón, pesebre que parece oscuro, seco, que seguro no huele bien. Quizás con este deseo de ser cuna del Salvador, baste para que surja el milagro. Será gracia, sólo gracia. Recordemos que es Él quien quiere encarnarse ahí, es Él quién nos llama a hacer lo mismo, encarnarnos, ser presencia en los pesebres actuales, esos que no huelen bien.

¡Feliz Navidad!

@hernan_quezada

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